Una solución “diplomática” al conflicto sirio: ¿Realidad, espejismo o trampa?

Durante estos últimos días, muchas voces se alzaron desde distintas partes del mundo oponiéndose a la posible intervención armada de los EE.UU. contra Siria por el uso de armas químicas. Una de esas voces fue la del Papa Francisco, quien dijo que un ataque occidental sobre el país árabe empeoraría la masacre, y pidió a todos los involucrados desechar la vía armada para solucionar la crisis en aquella devastada nación, donde ya han muerto cerca de 100.000 personas.

El pedido del líder espiritual de millones de católicos de todo el mundo no es algo que se pueda tomar a la ligera, pero como un integrante más de la Iglesia creo  que tengo la responsabilidad de expresar mi opinión sobre el asunto.

En primer lugar, comparto con el Santo Padre que es necesario poner fin a la matanza que están sufriendo los sirios y que ya adquirió visos de genocidio mucho antes de que se usaran las armas químicas en los suburbios de Damasco, pero disiento con el aparente simplismo con el que se sugiere la búsqueda de la paz por la vía diplomática y sin intervención militar externa.

¿Alguien me podría decir de qué manera se puede imponer un cese al fuego entre las partes y garantizar que el mismo no será quebrantado por actos de revancha o intentos por obtener ventajas territoriales o políticas durante las negociaciones?

Algunos seguidores de la tendencia pacifista dirán que “para eso está la ONU”, que bien podría desplegar una fuerza de Cascos Azules para que se interpongan entre las partes en conflicto, de la misma manera que lo hicieron en los Balcanes o África, tal vez sin recordar que los integrantes de las fuerzas de paz terminaron en muchos casos convertidos en testigos privilegiados de las masacres que supuestamente debían evitar (Srebrenica, Ruanda, e incluso Houla en Siria son tristes ejemplos de ello), y en otros pasaron a engrosar la lista de víctimas de la guerra (como en Somalia).

Además, la posible entrada en Siria de una misión militar de la ONU (si es que al Assad, Rusia, Irán y China no la rechazan por considerarla una violación a la soberanía del país), significaría poner hombres en el terreno, algo que ningún país parece estar dispuesto a hacer. ¿De dónde obtendría Naciones Unidas las tropas y medios para conformar una fuerza de interposición creíble que evite que un bando dispare contra el otro?

Seamos optimistas y pensemos que finalmente se logra reunir efectivos para su despliegue en territorio sirio ¿cuáles serán las reglas que deberán seguir para hacer valer su autoridad ante los combatientes díscolos?¿Qué pasará cuando los grupos más radicalizados de ambos bandos decidan dejar de matarse entre ellos y apunten sus armas contra el personal de la ONU y comiencen los secuestros, asesinatos, descuartizamientos, o los ataques con armas químicas?

¿Qué harán entonces los que ahora se rasgan las vestiduras por una posible intervención armada occidental contra objetivos militares de al Assad? ¿Levantarán la voz de la misma manera para repudiar los crímenes que se cometan contra los Cascos Azules, o dirán que eso es una muestra de la incapacidad de la ONU para lidiar con estos asuntos?

Ni la ONU, ni las conversaciones en otro nivel lograrán ningún avance hacia la paz si al

Assad continúa en el poder, porque él mismo ha violado los frágiles acuerdos de cese al fuego logrados en épocas anteriores y ha ordenado o permitido que sus tropas violen una y otra vez los Derechos Humanos y el derecho internacional.

¿Quién puede pensar que Bashar al Assad participaría en o aprobaría negociaciones que puedan terminar con su gobierno y los privilegios de su entorno, o que terminen llevándolo al exilio o a una corte penal internacional?¿Qué obligación sentiría el dictador y su gente par a “hacer bien los deberes”, si no existiera la presión de una posible intervención armada en su contra, y sabiendo que hay millones en el mundo dispuestos a salir consciente o inconscientemente en su defensa, invocando el nombre de la paz?

La oportunidad para una solución pacífica con justicia para Siria ha pasado hace ya mucho tiempo, aún antes de que las primeras balas de las tropas de al Assad masacraran a manifestantes en Daraa.

Si, por ejemplo, Occidente no hubiera abierto las puertas de sus bancos para recibir el dinero saqueado al pueblo sirio sin importarle su origen; o si se hubiera convertido al gobierno de Damasco en un paria internacional por las violaciones a los DD.HH. de sus compatriotas, su apoyo a grupos terroristas o su intervencionismo militar en las guerras civiles del Líbano; o si la Iglesia hubiera alzado con más vehemencia su voz contra las masacres de cristianos en ese último país, llevadas a cabo por milicias entrenadas, pagadas y armadas por el régimen de los Assad, tal vez la historia de la crisis siria hubiera sido distinta.

Si Obama no hubiera corrido tanto su famosa “línea roja” con al Assad, hasta el extremo de esperar un ataque químico…

Pero nada de eso se hizo, y ya es demasiado tarde.

Las conducciones políticas de Rusia, Irán y China, tres de los grandes responsables de lo que sucede hoy en Siria, se llenan la boca hablando de paz, e incluso no dudan en usar ahora al Papa Francisco como estandarte “para que no haya guerra en Siria” algo imposible porque Siria vive en situación de guerra desde hace más de dos años. La hipocresía es mucha, porque precisamente Moscú y Teherán son los que más han aportado para mantener aceitada la maquinaria bélica del régimen, incluso con dinero, armas y hombres.

China es otro actor que aboga por una solución pacífica del conflicto, pero que no ha hecho nada para evitarlo. Es más, la potencia oriental se ha servido de esta guerra civil para llenar sus bolsillos vendiéndole armas a los dos bandos enfrentados mientras ante las cámaras apoya el diálogo entre las partes.

¿La intervención militar estadounidense servirá para algo o sólo ayudará a incendiar Medio Oriente o el mundo? Creo que nadie lo sabe con certeza, porque tal vez llegue demasiado tarde y deslegitimada por su unilateralidad, o quizás sea insuficiente para persuadir al régimen sirio de no usar armas químicas nuevamente y provoque un efecto contrario.

Algo positivo: La simple amenaza de que los EE.UU. atacaría a al Assad durante los días inmediatamente posteriores a la masacre química del 21 de agosto, provocó que por un tiempo las baterías de cohetes y cañones del régimen dejaran de bombardear algunos lugares de Siria para no recibir un “regalito” del Tío Sam. Por primera vez en dos años y medio, los generales, pilotos y artilleros que participan en la carnicería sintieron en carne propia lo que muchos de sus compatriotas han sentido y sienten cada vez que miran al cielo por temor a sufrir los ataques aéreos del gobierno.

En definitiva, habría que preguntarle a las personas que diariamente deben buscar refugio entre las ruinas de sus casas para huir de los matones,  los cohetes, las bombas, los proyectiles de artillería y mortero, los misiles Scud y las armas químicas, o a los millones que tuvieron que refugiarse en el exterior, qué es lo que prefieren: una “solución pacífica” al gusto y paladar de al Assad, o una posible intervención militar extranjera que castigue parte de su aparato represor y ayude- aunque sea indirectamente- a la caída de su régimen o acelere su retirada del poder.

Anuncios